HELENA MARTIN FRANCO / CORAZóN DESFASADO / FRITTA CARO / UNA MUJER ELEFANTE

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Tocar la reja/Citar la jungla
Del 10 al 15 de julio 2017
DARE-DARE, Montréal, QC.

Toute impression subjectivement inappropriée de familiarité d’une expérience présente avec un passé indéfini. Intervenciones públicas coreografiadas por John Boyle-Singfield e interpretadas por : Adriana Disman, Anastasia Ferguson, Steven Girard, Francisco Gonzales Rosas, Manoushka Larouche, Fanny Latreille, Helena Martin Franco y Victoria Stanton. 

Tocar la reja/Citar la jungla es une serie de acciones que nacen de la búsqueda de pequeños alivios en un momento de crisis. Igualmente se trata de compartir un momento con personas desconocidas en el mercado Atwater de Montreal.

 
 
"Une femme marche calmement près du canal de Lachine, devant la boutique d’un marchand de fleurs. Elle tient dans ses mains un morceau de métal qu’elle frotte sur une clôture, créant une jolie mélodie. Ce geste, elle le répète pendant des heures, depuis des jours".
Hugo Pilon-Larose et Rita Boghokiam. LA PRESSE, 15 de julio 2017
 

TOCAR LA REJA

Tocar la reja es el resultado del deseo de hacer sonar un objeto. Se trata de un andamio que delimita la frontera entre un comercio de plantas decorativas y la zona recreacional del mercado Atwater, cerca del canal Lachine en Montréal. La acción crea una tensión por la invasión del espacio sonoro de las trabajadoras del lugar; de un momento a otro, una presencia desconocida modifica su territorio con un ruido, que en principio, no tienen ningún sentido. Para remate, esta acción se repetiría ocho veces al día durante seis días.

Comienzo por caminar lentamente bordeando el canal, la zona recreativa. Al acercarme al andamio, mantengo el mismo ritmo mientras toco sus varillas de metal; los primeros días con un lapicero, luego con un objeto de metal, finalmente con la mano.

Desde la primera vez, reparo una ligera incomodidad por parte de una de las trabajadoras que me mira rayado del otro lado la reja.

A cada repetición, intento controlar el ritmo, la velocidad de los golpes, la intensidad del impacto entre los metales. Sin embargo, el contexto de la acción impone una cierta mesura en la experimentación. Es necesario intentar mantener un equilibrio entre una participación que se mimetice en el cotidiano, al tiempo que se realiza un gesto inapropiado de creación en diálogo con las condiciones del lugar.

Los niños son los más curiosos. Tocar y hacer sonar, ese placer infantil que sirve para comprender como se comporta la materia, la gravedad, los objetos al golpearlos o al tirarlos al piso.

Una empleada del almacén : “¡¿Señora, puede dejar de hacer eso?!”

Comienzo a tocar la reja con la mano. Si me dejo llevar, el sonido es suave, pero prefiero transmitir el placer del contacto a través de la visión; un sonido sugerido por la imagen y el movimiento.

¿Puede la imagen sugerir tonalidades sordas?

Tocar para conocer.
Vivir la reja.
Tocar la frontera, hacerla cantar, hacerla sonar y finalmente, acariciarla.

Revelación de la intención artística. A primera hora, visito el almacén e informo al único empleado que está esa mañana que mi presencia a cada hora hace parte de una intervención artística que se desarrolla en el mercado aun por unos días. La información es tomada a la ligera.

Tocar la reja, sentir la frontera.

La experiencia incita a la sensualidad. El placer se despierta al sentir el viento sobre el poncho impermeable que se pega al cuerpo, la brisa fresca que llega después de la lluvia, las formas, lo colores, los perfumes de las plantas, al tocar y hacer sonar un andamio.

Decido subir a las materas y así tocar la reja de manera continua. El recorrido se acerca cada vez más a los pequeños desafíos de la infancia.

Tocar la reja. Sentir tristeza.

De la alegría infantil, la acción pasa a la rememoración de las fronteras territoriales con sus potenciales sentimientos de aridez e impotencia.

Tocar la reja. Primer sentimiento de pertenencia.

Evoco la frontera mientras la toco. Esta vez, caminar bajo la lluvia al lado del andamio me hace pensar en los periplos de las personas que en estos días atraviesan fronteras sin protección, sin autorización, sin un avenir asegurado o confiable. La lluvia, el frío, mis pequeñas incomodidades se convierten en nada. La vergüenza.
¿A qué estoy jugando?

Del otro lado, una empleada del almacén de plantas me señala con el dedo:
“¡mira! ¡la señora!”

Camino con el poncho impermeable. Es un hermoso día. Hace calor.

 

CITAR LA JUNGLA

Durante el verano, el mercado Atwater se convierte en un atractivo turístico más de la ciudad de Montreal. Llama la atención la toma constante de ego-retratos de los visitantes extranjeros en los almacenes de plantas decorativas. Reconozco ese gusto de dejarse sorprender por los colores intensos, las texturas, los olores de las hierbas, la exuberancia de las formas, la generosidad de la naturaleza atrapada en macetas, ordenadas en corredores que se pueden recorrer despreocupadamente bajo la luz de un sol que se filtra a través de las tejas de resina transparente.

En pleno centro de la ciudad, todas estas plantas decorativas juntas pueden evocar lugares exóticos, junglas lejanas. Entonces, se despierta el deseo de evasión y la nostalgia de un bienestar originario, lejos de autos, del ruido de las construcciones, de turistas, un alivio bien húmedo y caliente, un oasis artificial como cualquier otro.

En este entorno, creé una ficción; un viaje turístico a una jungla inaccesible. El relato visual sería construido por retratos fotográficos tomados por turistas y clientes del mercado Atwater. Una ficción fácil, estereotipada y consumible.

 
 

10 de julio. Ese reflejo de sonreír para la foto

“¿Me puede tomar una foto con las plantas de fondo?
Quiero que aparezcan solo las plantas al fondo. Gracias”
Sonrío por reflejo.

 
 

11 de julio. Mirada al canal Lachine

El paisaje que había escogido ayer ya no existe. Movieron las plantas de sitio. Debo cambiar de lugar. Hoy voy a mirar hacia el canal.
Este nuevo “paisaje” gusta más. Ayer lxs fotografxs invitadxs no decían nada. Hoy expresan su satisfacción.
El sol es muy fuerte. Hay menos personas que caminan por aquí. La acción comienza con la espera.
El favor pedido es concedido. Ambas partes estamos satisfechas.
Esto no hacía parte del plan, pero cada vez cobra más sentido tomar notas de cada interacción.

 
 

12 de julio. La no sonrisa

Esta mañana me dejo seducir por un nuevo paisaje. Escojo un fondo muy colorido, un lugar más congestionado, cerca del centro de la acción del mercado. Hoy no sonrío.

1. Le pido a un hombre de unos treinta y tantos que me tome una foto. Lo dejo escoger el encuadre, la perspectiva. Quizás porque no sonrío, me dice “one, two, three
2. La vendedora del mismo almacén toma dos fotos “Cambia de posición para que sea más bonito”
3. "My husband should be better
4. "one, two, three"
5. “Uno, dos, tres”
6. Es más divertido cuando la gente no está de afán.
Un hombre de unos treinta años, mexicano, moreno, grande, un joven de mirada curiosa, sus ropas más coloridas que las de los demás, tomó la foto 7.
8. Resistir y no reír. ¿Cómo negarse a la amabilidad de los fotógrafos y no sonreír en el momento de la foto? La traidora. Mañana sonreiré y será una respuesta.

 
 

13 de julio. La sonrisa es replica
 
Anuncian lluvia para todo el día. Me pongo un poncho impermeable para proteger la cámara.
1. Una pareja: “smile!”
2. El entusiasmo. La foto fue tomada por un trabajador agrícola temporal (de enero a julio).
3. Otro empleado del mismo almacén.
4. Dos mujeres muy felices: “Sonríe!”. “Allá la luz es más bonita”.
5. Una pareja.
6. Tres mujeres jóvenes.
7. Una pareja. Ella se amaña tomando las fotos.
8. El ríe de mi combinación toda roja y busca el mejor ángulo de acuerdo a la luz.

 
 

14 de julio. Vista desde el lado opuesto de la luz

Mientras estudio las opciones, sorprendo un anglófono con apariencia de turista tomándome fotos, mientras se reía de mi. Le pedí que me hiciera un foto con mi cámara. Estaba un poco molesto por el contraluz y le expliqué que era justo lo que quería. Toma dos fotos.
2. Un empleado hispano del mercado hace la foto de afán mientras busca el conserje con los ojos.
3. Ella quería esquivar las pancartas con los precios de las flores.
4. El era hermoso y amable.
5. Una mujer joven busca el mejor ángulo. Ella toma dos fotos. Enseguida, otras dos mujeres, quizás madre e hija, toman nuestro lugar y hacen una foto similar.
6. Un hombre joven: “señora, en este momento no veo nada”
7. Le pido el favor una pareja, él cede el lugar. Ella dice: “uno, dos, tres. Otra!”
8. El cansancio.

 
 

15 de julio. La autoironía

Cuando el sujeto desaparece por la repetición.
Hoy la sonrisa será forzada.

1. ¡Nos descubrieron! Esta vez escogí un hermosos fondo de plantas de tomates cereza. Enseguida, los empleados del almacén se acercaron para preguntarme sobre las intervenciones en el mercado. Ya había identificado a casi todxs lxs performerxs menos a Francisco. Durante la toma de la foto, reprimo la sonrisa natural.
2. Otro empleado del mismo negocio, un trabajador temporal agrícola que puede trabajar de 3 am a las 9 pm sin día de descanso. Me dice que no lo necesita, que su familia no está aquí. Para él sería muy aburrido tener días libres. Le pido encuadrar la foto de manera que se vean solo las plantas al fondo.
3. La autoironía y la abismación. La sonrisa forzada es más fácil esta vez. De lejos, una trabajadora del almacén hace un retrato de la escena. Ella lo hará de ahora en adelante.
4. Una pareja. Ella toma tres fotos. Escogemos juntas la mejor.
5. La dicha de la participación. Uno de los empleados se toma una foto conmigo, Margarito. Las demás colegas también participan. Se reúnen en torno nuestro. Intercambiamos correos electrónicos.
6. Julie, la espectadora infiltrada es descubierta. Le pido que me haga un retrato. Toma cuatro fotos.
7. Ella dice « Take a look see if you like it ». « Yes it’s beautiful ». « I’am a professional photographer »
8. Son más de las 5 pm. El almacén está cerrado. De todas maneras entro hasta donde están las plantas de tomates cereza y tomo la última foto, un egoretrato.